Reflexiones sobre Agni Yoga.

La Senda de Fuego



Pequeños audios emitidos en el programa  "Sirviendo a la Humanidad"

Radio Mantra (Buenos Aires - Argentina)

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EL SENDERO DE SINTESIS


Como Humanidad, recorremos un sendero que aparenta ser cierto a nuestros sentidos. Con las herramientas que la mente deposita en nuestras manos experimentamos, comprendemos y damos forma a todo conocimiento. Toda “tesis” se constituye en las sandalias con las que viajamos, en el sendero del tiempo, hacia la eterna quimera de la Verdad, vislumbrando marchitas verdades, siempre sustituidas por otras de mayor trascendencia.


Así, nos impulsamos a derruir los barrotes que encarcelan todo pensamiento de libertad para desplegar nuestras alas atravesando espacios en los que la Imaginación Creadora, ajena a limitaciones, no precise asentar sus pies sobre lo conocido. Que vistiéndonos de las delicadas plumas de “sin-tesis”, las alas de nuestro Corazón se dejen mecer en el viento del vacío y siendo el Solen lo alto de nuestra mirada el vislumbre de libertad.


La libertad que surge en los espacios de la siempre presente Luz. Que todo cuanto ocurre, que todo vuelo, que toda ansiada verdad no es sino una expresión de “Síntesis”. La argamasa del Propósito que unifica toda intención, fija toda atención y, en resolución, advierte del Fuego Sagrado que arde en el Corazón. Tal es la “Síntesis”. El Propósito divino manifestado a través de sus criaturas.


Con la mirada dirigida al Avatar de Síntesis, el equipo de “Sirviendo a la Humanidad” enciende el Fuego de Síntesis para que arda en el pebetero de Radio Mantra y contagie con su calor a cuantos amigos nos escucháis desde vuestro particular sendero. Que, a lo largo de este año, entregados al Yoga de Fuego, y al alumbre de sus Llamas, percibamos de la Vida la guía maestra para que las huellas que surjan de nuestros pasos sean como luminarias encendidas al Calor del Corazón. Unas luminarias sintéticas, ardientes, queridas y generosas que alumbren los senderos del mundo.


LOS SIETE SENDEROS

 

El silencio es el motor que impulsa las alas del Corazón que sobrevuela las elevadas montañas de la VIDA. Volando siempre hacia la cumbre en la que confluyen los radiantes Senderos que de Ella brotan y a Ella retornan. 

 

Senderos de belleza y de fuerza, de sensibilidad, pensamiento, de ardor en el Corazón. El Sendero de sutiles colores angélicos, de la potencia Creadora de un Sol o de la galáxia que en tu propio espacio se expande. Senderos que constituyen, tan solo, una fracción de la VIDA que, en ti, sintetiza Su Misterio. Un Misterio que, como una coral, emite un sonido que es la síntesis de la densidad de tus pasos, la intuición que los alienta y el Fuego que los impulsa.

 

De la Senda de la VIDA fluye todo camino, todo atajo, todo reposo. En ella se diseña el espejismo de un árido desierto para ti, que eres el incansable caminante o es un faro que irradia tu presencia en los pequeños senderos del mundo, mostrando las Cualidades de tu Alma, que son la síntesis de ti mismo y avivando, así, la Llama del Fuego Sagrado que despierta de su sueño al Cristo que duerme en ti. Así eres tú.   


EL ESFUERZO DE UN YOGA

 

Un yoga no se constituye en un sendero a descubrir, experimentar y perfeccionar con el esfuerzo de una vida tan solo.

En los muchos descensos a la materia densa, en el conjunto de todos ellos, es como la conciencia del Alma, adiestrándose en la experiencia, va adquiriendo formas esféricas de expresión y una caleidoscópica y creciente visión de Su Plan, alejándose, así, de la esclavitud del tiempo al que se había sometido.

 

Los senderos de aprendizaje, que la filosofía hindú define como yogas, puede parecer que se suceden unos a otros de forma secuencial conforme disponemos de una mayor y más amplia visión del Propósito de Alma.

 

Si los observamos desde la perspectiva lineal del pensamiento y del tiempo esto parece ser así aun cuando, en realidad, se superponen produciendo, como en una particular mezcolanza, el color y la tonalidad que nos caracteriza a cada uno.

 

Así es como la capacidad de “síntesis”, en el Cuarto Sendero de Fuego, el Agni Yoga, permite visualizar a los tres anteriores como expresión potencial de los tres posteriores. Situándose en un punto de equilibrio cuyo sonido armónico tan solo puede ser captado en el silencio creador.  

 

Tal como nos indica la Ley de Analogía, en la medida que mediante la actividad cotidiana ejercitamos la fortaleza física y el deseo, las emociones o los pensamientos que nos permiten actuar en el escenario de la Vida, tal ocurre, como Alma que somos, ejercitamos la Mente, el sentido inclusivo de la Vida y la Voluntad con los que alzar la mirada hacia la Fuente de VIDA. Al Yo Soy que experimenta a través de todos sus vehículos expresándose, así, en Su Universo Septenario.

 

Así, la creciente síntesis de todos los senderos provoca la llamada que, como eco que resuena en nuestro Corazón, da nuevo brío a nuestros pies y acelera sus ardientes pasos ante la ya percibida y próxima calidez del Fuego Sagrado de cuyo altar se eleva el sutil y sintético incienso hacia el Yo Soy que alienta en lo más íntimo y profundo de nuestro Corazón.


EL PUNTO DE QUIETUD


   En el horizonte, donde se funden, en sintético abrazo, el mar y la oscuridad salpicada de estrellas.  Allí, en la imaginación de un marino, es donde todo se precipita en el profundo abismo o se disuelve en la nada.

 

   Allí es donde la mar, tal como en el recinto sagrado de una madre, de su profundidad, nace el impulso que creciendo poderoso, se transforma en la atrevida ola que busca la playa extendiendo los brazos para abrazar la arena, como en un carrusel de cabriolas y entre jugueteos de espuma que se esparce apeteciendo, ya vencida, aquietarse.

 

Impaciencia de madre que, en su Intención, impulsa la ola e impaciencia de la arena que, en su Atención, la reclama para fundirse como dos amantes que, entregados y en íntimo silencio, se aman.

 

   Un tiempo para concluir la Intención. Un tiempo para retornar de ella. Y, entre ambos tiempos, una quietud fugaz en el reloj de los hombres, pero sostenida en la nada en el de los dioses.

 

 Justo tras el instante en el que la ola se detiene y antes del que dulcemente se repliega, en ese momento delicado, sutil y atemporal se sustancia la “síntesis” entre el vigor profundo y exaltado del mar y la calidez acogedora de la madre tierra.

 

Justo en esa eternidad del no-tiempo es cuando, de un suspiro preñado de vacío, brota un mantram de silencio y se gesta la Síntesis Creadora de lo que es y lo que no es. Desvelando las gasas, las sutilidades que solo el Fuego Consumidor puede desvelar y alumbrar.  Así se percibe desde la expectante mirada del Agni Yoga y, tal es, en la eternidad del Alma.


UNA MIRADA DE LA VIDA

 

En Agni Yoga, debemos discernir entre la “visión del ojo” y la “visión del corazón”. Discernir entre la Vida adaptada a la mente, tan poderosa ella, o la Vida que se adapta al impulso cálido del Corazón. En definitiva, no tener ojos sino para la belleza, armonía y la compasión. Contemplar las partes imperfectas como componentes de un conjunto perfecto.

 

La mirada debe ser el torrente a través del que se precipiten las cualidades que se gestan en el corazón. Una mirada cargada de comprensión, una mirada preñada de compasión no distingue entre las formas ni las edades. No distingue entre la lozanía de una rosa ni entre la ya marchita rosa que esparció su color y aroma entre los hombres y se sacrificó en el altar de la ancianidad.

 

Agni Yoga, el Fuego de Síntesis, unifica ambos estados en uno tan solo. El estado del Principio de Belleza que no necesita de materiales para expresarse, sino que, como todo principio divino, “Es belleza” en sí mismo.

 

Una mirada limpia, un sentido de visión divina en todo hombre y mujer, es como retornar a los primeros días de la infancia, en la que el mismo Dios se precipita, desde los espacios Búdicos, a través de los ojos de un niño.

 

Y, recordemos, cuando nuestros ojos se vean nublados por la oscuridad no será sino la antesala de la luz que se dispone a precipitarse desde ellos... la Luz del Alma.


DE LA MENTE AL SILENCIO

Una extraña confluencia es la llave que nos abre la puerta a un espacio infinito desde el que nuestra Alma controla, sugiere, motiva y nos recuerda que somos, necesariamente, proyecciones de Si Misma.


Una llave que abre la puerta que se halla más allá de un puente tendido entre el inabarcable mundo de la mente y la Luz que siempre está presta a iluminarlo desde el Corazón.  

No temamos abrir esa puerta que es el atanor en el que alquimista que opera en nuestro Corazón vierte el oro sobre el polvo para que el polvo sea oro. Donde el frio de la mente arda en el calor del Corazón y el Corazón comprenda y aliente las pequeñas vidas que sustentan su recorrido en el Sendero de la Vida. 


Al abrir la puerta percibamos el silencio que nos inspira acerca de nosotros mismos, es decir, acerca del Alma y que desgarra un velo que tan solo puede ser rasgado por el silencio cálido de la Mente y las manos ágiles del Corazón. Un “silencio expresivo” que camine entre las horas de nuestros días y proporcione descanso a las horas de nuestras noches.


Se nos dice que “hay que sentir con la mente y pensar con el Corazón”. Una confluencia extraña en la que afirmar nuestros pasos como alquimistas, de magos en el Sendero de la Vida. Un sendero empedrado de aprendizaje, frustraciones y triunfos pero que deja tras de sí un recuerdo, tan solo un recuerdo del espejismo que se va consumiendo ante la siempre presta presencia del Fuego del Corazón.


HAZ UN RESET EN TU VIDA

Se dice que el Agni Yoga marca un momento trascendente en la Vida del Ser Humano. De ti mismo al recorrer tu particular sendero.

Si hasta el momento en el que el Fuego de Síntesis incendió tu vida, te impulsabas en localizar tu alma; al abrir el Portal del Fuego has dado un paso de absoluta trascendencia en tu Vida. Os obvio y reconócelo por el eco de tu Corazón. Ya no buscas el alma. Ya te has reconocido en Ella y, tan solo, pretendes servirla.


En realidad, ya no te sirves de Ella para reconocer lo bello, sino que tú mismo, tu misma, constituyes la expresión de la Belleza. Por tanto, necesariamente, vas quemando gradualmente los impulsos de la personalidad que se cree cierta a través de ti,  a la par que te dejas llevar por el impulso que tu Alma estampa en las huellas de tu vida.


Desvestido, pues, de antiguos ropajes,  un nuevo impulso se encarna en ti. Un impulso rebelde, revolucionario y rompedor con cuantas tradiciones, dogmas y leyes han modelado una figura cristalizada de ti mismo y a lo largo de los muchos tiempos.


Como veíamos, utilizando una expresión moderna y muy entendible, haz un “reset” en el software de ti mismo. Resetea todo cuanto de antiguo dirige tus pasos y abre los nuevos ficheros que se hallan en la “nube del Corazón” ya que en ellos se encuentran las indicaciones que el Sendero de tu Vida te ofrece. Tal es el Agni Yoga. Tal eres tu en la realidad de tu propia creación.


LA SERENA EXPECTACION


Dirige tu impulso vital hacia la “serena expectación” que te aguarda ajena al tiempo. Allí donde ya no puede ser medido porque se ha disuelto en el mundo de la ilusión.  La “Serena expectación” se sugiere en el íntimo recoveco de tu conciencia, como una pantalla sobre la que se proyecta el fugaz y real propósito de la Mente Divina que, en ti,  ejecuta su obra.


La “serena expectación” es como el tique que te abre la puerta para participar, siquiera fugazmente, en la gran Obra de la creación y en la medida que desvistes al tiempo de su engaño.  Que para adquirir dicha entrada has de volar en los “espacios curvos” de la Mente,  ajeno a las formas y no en los senderos rectos que, como rayos, surgen del pensamiento y en los que el tiempo le gusta ser medido. Pero para volar en la curvatura de los misterios has de no tan solo aligerar tu equipaje, sino que, además, en tu intimidad, deshacerte incluso, de las herramientas que te traen hasta esa puerta.


La “serena expectación” no es una meditación puesto que en ella no hay nada por lo que mediar. Es un estado de conciencia definitivo, aunque fugaz, que te devuelve a ti mismo. Nadie usa, en la intimidad de su casa, los pesados ropajes que dan una imagen confusa de uno mismo fuera de ella.


Que las herramientas que te han traído a ella no son ella. No la disfraces de cuanto no es. Que no se confunda con una evasión agradable de lo cotidiano sino, antes bien,  como la inmersión en la Vida Una en la que contienes todo tu afán y propósito ajeno al tiempo.


La “serena expectación” es contemplar en el  “aquí y ahora”  el proyecto de toda tu vida, de toda tu obra y, no juzgándola, comprenderla.  Es asir las riendas de tu vida, abrir las puertas de tu propio Propósito y no esperar en meditación ante ellas sino asumir tu propia condición divina.


 

HABLA CONTIGO MISMO


En ti, todo ocupa su exacto lugar en el escenario de la Vida. Eres como un actor que representa su propio papel.

 

Impúlsate como un actor creando nuevos senderos sobre la arena del desierto de tu vida y bebiendo sorbos de Fuego en un vaso de calor.

 

Dialoga contigo mismo. Dialoga en silencio y con la sinceridad de un amigo incapaz de esconder secretos ya que, quien habla y quien escucha sois una misma cosa.

 

 Abre tu Corazón y habla contigo mismo abiertamente, como quien habla al reflejo de su propia intimidad.

 

Sé tú mismo la fortaleza, la voluntad y el impulso de tu propia vida.

 

Sé la argamasa que cohesiona tu obra y la luz que te permite desvelar los planos según los cuales la Vida te desvela su propósito. 

 

Ello requiere que te vayas desprendiendo de los harapos a lo largo del camino. Pero se Inteligente y observa que los pensamientos que brotan de tu mente no comprenden, no quieren entender porque te empeñas en recorrer un árido desierto en el que tan poco entretenimiento encuentran.

 

Comprueba que,  tras tus pasos, todo queda atrás.  Que el pasado es tiempo y el tiempo pasado está muerto y que solo da vida a los fantasmas con los que tu mente, gusta de juguetear.

 

Muéstrate que tu ley es caminar “del todo a la nada”.

 

Comprueba como atrás va quedando el depósito de las aguas que te saciaron en el pasado mientras que las “aguas de Vida” se te sugieren conforme el “todo” de ayer se vacía en la “nada” del desierto por el que caminas. Que no poseyendo “nada” eres amo de “todo”.

 

Y subiendo a una elevada cumbre, desde donde divisar nada y todo, muéstrale esto a tu mente para que se aquiete y te permita ver cómo, en el libro de tu Vida, tras el rigor del desierto siempre surge el vergel donde refrescarte



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TE HAS PREGUNTADO

¿Te has preguntado por qué las poderosas razones que parecían dar sentido a tu vida comienzan a no ser tan necesarias…¿

Si la sed que te lleva, con demasiada frecuencia, a saciarla en una misma fuente no te envenena de las aguas estancadas…

Si, al mirar las estrellas, la voz queda te dice que son indicios del Misterio tal como la Luz que se escapa a través de la cerradura de una puerta…

Si las páginas de los ajados libros de tu estantería comienzan a ser una invitación que, constantemente, te hace viajar en el bucle del polvo y del tiempo ...

Si la voz oculta en ti te sugiere que las verdades que siempre afirmaste comienzan a marchitarse y que son el abono de la tierra en la que siembras las semillas de la duda…

Si al mirar la vida que te rodea ya no ves lo que parece sino lo que de ti se irradia…

Si oír el incesante murmullo de tus razones no está sino privándote del apetecido silencio de la Razón…

Si los latidos de tu Corazón ya brotan de ti como flechas que desconocen su destino…

Si los dioses que te han indicado sus leyes,  como jugando contigo al escondite,  ya no los buscas en los altares que elevaste, para ellos,  en tu camino. Que te has cansado de acertijos…

 

Si percibes que está llegando la hora de arrojar la toalla en el ring de la vida que alienta en tu Corazón. De sucumbir a ti mismo…

Si tan solo los pasos en lo improbable pueden saciar lo cierto de la Vida que se insinúa ante ti…

Si tal es así, arroja la antorcha que te alumbró en el sendero de la ficción. Que tú mismo siempre fuiste el sendero y que llegaste hasta Aquí sin haberte movido de Allí.

Deja de “buscarte a ti mismo”. Nunca te encontrarás porque la búsqueda te lo impide. Antes bien “¡Se tú mismo¡” en tu cierta Eternidad…